Aunque a veces suene a ciencia ficción, los escapes accidentales de patógenos desde laboratorios son un problema real que sigue provocando brotes en la actualidad. Estos incidentes representan un riesgo significativo para la salud pública, los animales y el medio ambiente. Hoy en día, especialmente tras las dudas que rodearon el origen de la pandemia de COVID-19, la ciencia reconoce que es vital estar alerta ante la posibilidad de que un nuevo brote tenga un origen "no natural".
Para aprender a detectar y prevenir estas situaciones, un estudio reciente analizó la historia de estos accidentes.
El Estudio de Casos Históricos
Los investigadores documentaron un total de 70 incidentes de fugas de laboratorio que terminaron afectando a la población. Para entender mejor cómo funcionan, analizaron a fondo siete casos emblemáticos que contaban con abundante información científica y gubernamental:
- El incidente de la vacuna contra la polio (EE. UU., 1955).
- El resurgimiento del virus de la gripe H1N1 (China y Unión Soviética, 1977).
- La liberación de ántrax (Sverdlovsk, Unión Soviética, 1979).
- Las epidemias de encefalitis equina (Venezuela y Colombia, 1995).
- Los escapes del virus SARS-CoV-1 (Singapur, Taiwán y China, 2003-2004).
- El brote de fiebre aftosa (Inglaterra, 2007).
- La fuga de la bacteria Brucella (China, 2019).
Las 7 Señales de Alerta
Al comparar la geografía, la genética, la propagación y la respuesta política de estos siete eventos, los científicos descubrieron siete patrones recurrentes que suelen delatar un brote originado en un laboratorio:
- Microorganismos inusuales: El virus o bacteria presenta características genéticas o cepas que no concuerdan con lo que se encuentra habitualmente en la naturaleza.
- Impacto clínico extraño: La enfermedad produce síntomas peculiares o afecta a grupos demográficos atípicos.
- Geografía fuera de lugar: El brote surge en una región donde esa enfermedad no debería existir de forma natural.
- Propagación atípica: La forma en que la enfermedad se contagia y se extiende no sigue las reglas epidemiológicas habituales.
- Reacción tardía de las autoridades: Se observa lentitud o secretismo por parte del gobierno para actuar e informar a la población.
- Desinformación masiva: Surgen y se propagan rápidamente rumores o información falsa entre el público.
- Historial de negligencia: Existencia de quejas, incidentes o problemas de bioseguridad previos en las instalaciones científicas cercanas al origen del brote.
¿Por qué es importante esto?
La identificación de estas señales de alerta no tiene como objetivo emitir juicios apresurados ante una nueva enfermedad, sino crear una herramienta científica. Estos indicadores han permitido desarrollar criterios de riesgo preliminares que ayudarán a las autoridades a investigar futuros brotes con una mente abierta, generando hipótesis más precisas que nos permitan reaccionar a tiempo y proteger a la población global.
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